La magia de conversar

Nuestra vida está llega de conversaciones, alguna de ellas son tan intensas que nos dejan huella y son capaces de cambiar el curso de nuestra vida.

Esta vez ella quería que la sesión fuera de conversaciones pendientes, llevaba huyendo del cara a cara durante muchos meses, años de hecho. Decía arrastrar un problema durante muchos años al que no daba solución, y mientras estaba en sesión llegó a la conclusión de que no necesitaba una solución, lo que le hacía falta era una conversación.

Pero no una conversación cualquiera, sino una de verdad, donde prevalezca el nosotros y no el yo, donde no sea importante los puntos de vista sino la mirada a través del otro, donde hable el estómago y no la cabeza. Era una conversación para ella difícil, que le hacía daño solo pensar cómo podía reaccionar la otra persona y el plantear tenerla le generaba un desgaste emocional enorme con el que llevaba cargando mucho tiempo. Tal era esa tensión que si la hubiera tenido antes de aquel momento no hubiera sido una conversación, sino un monólogo cargado de culpa, resentimiento y conflicto… se hubiera subido el tono, los gestos…

Según pasaban los minutos fue maravilloso ver cómo crecía, como se auto argumentaba, como se armó del coraje necesario para viajar a sus entrañas y hablar como si se hablara a sí misma. Las palabras fueron de verdad y las lágrimas fueron liberadoras.

Si nuestra vida está tan condicionada por nuestras conversaciones, por qué tantas veces las evitamos y huimos de ellas? Podrían haber muchas respuestas, pero una de ellas es el miedo a conectar con nosotros mismos y dejar que sea desde ese sitio profundo y emocional desde donde salgan nuestras palabras y tomen protagonismo.

Hace unos días yo tuve una conversación inspiradora, aunque sería de justicia decir que Marta la tuvo comnigo. Y como ella suele hacer supo captar el momento en el que estaba, no necesitó mucho para entenderlo, reencontrarme, ayudarme a abrir los ojos y conectar de nuevo con todo lo que nos estaba pasando y todo lo apasionante que está por venir.

Cuando mi clienta se despedía y la veía bajar los primeros escalones mi mente reprodujo la escena con Marta y fui capaz de reproducir lo que habíamos conversado una semana atrás. Sus palabras tuvieron el poder de redibujar mi realidad, me acompañó a tomar conciencia de mis posibilidades y deseos.

Aquel día Marta te di las gracias pero creo que no supe hacerte ver la importancia de lo que había pasado y hoy he entendido que para mi no fue suficiente. Y ahora que estaba trabajando en nuevas ideas necestiba expresarlo… y como no podía ser de otra forma, con palabras.

Desde aquí os invito a tener una de vuestras conversaciones pendientes. Cuántas cosas hemos dejado de hacer por no haberlas tenido, cuántas personas querían tenerlas contigo, cuántos reconocimientos pendientes, cuántos silencios llenos de escucha, cuantas miradas de complicidad… cuántos abrazos se están quedando por el camino, cuántos besos?

A mí me quedan algunas y tal vez alguna de ellas cambie mi vida y reoriente mi camino pero seguro que lo haré desde lo que soy y lo que siento. Y conversar así no tiene precio.

“Cambiemos nuestras conversaciones y haremos un mundo distinto” – Humberto Maturana.

Jorge Juan García Insua

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